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14Nov

140 años de la primera expedición misionera de las Hijas de María Auxiliadora

Roma (Italia) ¡Mornese, en pleno otoño, los corazones florecen como si fuese primavera! Madre Mazzarello y sus hijas coronan el sueño misionero: se parte para América.

La comunidad mornesina respira a pleno pulmón el espíritu misionero que la orienta a testimoniar a Jesús en todas las latitudes bajo el cielo. Ir más allá de los confines conocidos para encontrar nuevos pueblos y culturas, caracteriza el estilo de las primeras comunidades de las FMA, deseosas de llevar el anuncio más sorprendente y revolucionario: la ternura del Dios del Amor.

¿Qué fronteras alcanzar? ¿Qué confines atravesar? Los confines no son insuperables, las culturas y las religiones pueden encontrarse y dialogar; alargar la mirada con los y para los jóvenes, misioneras de alegría y esperanza, ir sin miedo, preparadas para actuar,  para que la Palabra llegue hasta los confines de la tierra, para que a todos le sea garantizada la dignidad humana y los derechos, para llegar a todos, sin que nadie quede excluido.

Con la bendición del Santo Padre (9 de noviembre de 1877) y la protección de María Auxiliadora, que tiene en brazos a un Niño Jesús sonriente, las primeras misioneras Hijas de María Auxiliadora, afrontan el gran viaje.

La mañana del 14 de noviembre de 1877. Don Bosco y M. Mazzarello están en el puerto de Génova para despedir, confortar y enjugar las lágrimas que ellos mismos contienen. Las hermanas parten con un equipaje especial: mucha fe en Dios, alegría para anunciar el amor de Jesús, humildad para acoger nuevas costumbres y una nueva cultura; disponibilidad para vivir sacrificios, sabiendo que el bien puede traer la cruz y el martirio, con la convicción de que cuando Dios pide, lo pide todo. (Cronistoria II 276-291)

La conmoción es grande, las primeras misioneras Hijas de María Auxiliadora rezan y se despiden de aquellos rostros con los cuales han compartido la vida. Otros patios les esperan, otras empresas, algunas de las cuales son hoy patrimonio de nuestra historia salesiana.

De aquel puerto parte la primera expedición misionera. De aquel puerto partirán otras en los años siguientes. En aquel puerto se inicia una página de la historia que todavía hoy continúa siendo escrita por tantas Hijas de María Auxiliadora en 93 países del mundo.

En aquel puerto, la invitación de Jesús “Id y predicad el Evangelio” (Mc 16,15) toma color salesiano. El único objetivo de la expedición es el de vivir con audacia y creatividad, con palabras y acciones, el Da mihi animas, cetera tolle y el A ti te las confío.

Y a aquel puerto queremos volver 140 años después, para continuar alimentando el sueño misionero de Don Bosco y de Madre Mazzarello. Volved al carisma de los orígenes, de los fundadores, los cuales no tenían miedo de salir por las calles a anunciar al Señor, de revestirse de un nuevo empuje misionero que no retrocede ante las dificultades, tenaz en el cumplir la misión que Dios nos confía a cada comunidad educativa.

Quien sigue a Jesús está siempre en camino, no puede llevar una vida cómoda, sedentaria. El fervor, el fuego del Espíritu, cuando se ve, actúa y atrae. Las vocaciones misioneras pueden nacer solo donde el fuego arde, donde vibra el espíritu del universo, como en Madre Mazzarello y en la primera comunidad de Mornese. Este ha sido el secreto de la expansión de nuestro Instituto y de tantos otros Institutos de la Iglesia (Circ 972)

Salir, como comunidad misionera poniendo al servicios nuestros talentos, creatividad, sabiduría y experiencia para llevar la Buena Noticia del Evangelio hasta los confines de la tierra: La vida se refuerza dándola y se debilita en el aislamiento (…) crece y madura en la medida en la cual la donamos por la vida de los otros (EG 10)

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