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¡Descubrir la propia vocación es apasionante! Dios te habla a través de tus preguntas, tus deseos, de la realidad en la que vives. Es una invitación que Dios te hace y espera una respuesta por tu parte.

 

La vocación salesiana brota de un deseo de amar más, de querer un mundo mejor y estar dispuesta, junto con otros, a ponerse al servicio de Dios y de los jóvenes para conseguirlo.

 

Ser salesiana es seguir a Jesús dentro de la vida religiosa según el carisma salesiano. Es una llamada a ser signo y expresión del amor de Dios entre los jóvenes.

Don Bosco y María Mazzarello, nuestros fundadores, movidos por el Espíritu, con su carisma educativo hicieron visible a los jóvenes la presencia de Jesús, el Buen Pastor, el que da la Vida en abundancia.

Las salesianas vivimos en comunidad, y en ella compartimos nuestra experiencia de Dios y nuestra misión educativa y evangelizadora entre los jóvenes.

Dentro de la Familia Salesiana, y en los diversos contextos socioculturales en los que trabajamos, tratamos de actualizar el estilo propio de relacionarnos y de educar del Sistema Preventivo, característica de nuestra vocación en la Iglesia. María, madre y educadora, es quien inspira esta misión.

En las realidades en las que estamos presentes, con formas diversas, expresamos la predilección por los pequeños y los pobres vivida según el espíritu del Da mihi animas cetera tolle, y del A ti te las confío, siguiendo las palabras de Jesús: “El que acoge a uno de estos pequeños en mi nombre, a mí me acoge” (Mt 18,5)