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22Sep

22 septiembre – Beatas mártires, S. Carmen Moreno y S. Amparo Carbonell

Beata Sor Carmen Moreno, FMA (1885 – 1936)

Nació en Villamartín (Cádiz, España) 24 de agosto de 1885. De una familia profundamente cristiana, de mediana economía, desde muy joven manifestó su deseo de ingresar en la Congregación de las Hijas de María Auxiliadora.

De la eficacia de su labor docente durante estos años, así como de la fecundidad de su apostolado con las estudiantes de Magisterio residentes en el Colegio, quedan innumerables testimonios, recordándola todos como una religiosa alegre, simpática, discreta, bondadosa, de educación exquisita, de sólida piedad y de ejemplar espíritu de sacrificio.

Recibió el encargo de la dirección de la Casa de Valverde del Camino. El iluminado discernimiento que acompañó a Sor Carmen Moreno en el ejercicio de su directorado, le permitió conocer y valorar la santidad que poseía una humilde y singular religiosa que formaba parte de la comunidad, Sor Eusebia Palomino, beatificada por el Papa Juan Pablo II el 25 de abril de 2004, a la que atendió hasta su muerte.

Por ello, durante su enfermedad, fue poniendo por escrito cuanto ésta le confiaba acerca de la obra que Dios iba realizando en su alma, escritos que fueron de notable valor para el proceso de beatificación de sor Eusebia. Asimismo, Sor Carmen Moreno supo dar un testimonio de serenidad y presencia de ánimo envidiable, durante la persecución religiosa que afectó a las Hijas de María Auxiliadora de Valverde del Camino en mayo de 1931.

Terminada su misión en Valverde, Sor Carmen Moreno fue destinada de nuevo a Barcelona como Vicaria provincial en el otoño de 1935.

Beata Sor Amparo Carbonell, FMA  (1893 – 1936)

Nació en Alboraya (Valencia) el 8 de octubre de 1893 en el seno de una familia de campesinos de modesta posición económica, aunque rica de valores cristianos que supieron inculcar a sus numerosos hijos.

En Valencia, ciudad en cuyo mercado vendía los productos del campo de sus padres, Amparo solía frecuentar la capilla del Colegio de las Hijas de María Auxiliadora, surgiendo en su alma el deseo de consagrarse al Señor en dicha Congregación, deseo que no le fue fácil realizar tanto por la oposición de su familia, como de las religiosas por su carencia de estudios.

Finalmente logró ingresar a los 27 años como postulante en la Casa de Formación de las Salesianas de Barcelona-Sarriá, el 31 de enero de 1921, donde se distinguió por su modestia, sencillez y generosa dedicación a toda clase de trabajos, en especial la cocina y el cuidado del huerto y del jardín.

Dos vidas que se entrecruzan 

El comienzo de la guerra civil en julio de 1936 coincidió con la concentración en la Casa-Colegio de Barcelona-Sarriá, donde ambas estaban en ese momento destinadas,  un numeroso grupo de 54 religiosas y 12 novicias salesianas, procedentes de todas las fundaciones que la Congregación tenía en España, para asistir a la tanda anual de Ejercicios Espirituales que prescriben sus Constituciones.

Tras el alzamiento militar, el día 21 de julio la casa de las Hermanas fue incautada por lo que las religiosas y novicias que tenían familiares en Barcelona o en sus cercanías se fueron a sus casas, mientras que las restantes aceptaron la hospitalidad de unos señores alemanes, propietarios de una finca colindante con el Colegio.

Ante esta situación se empezó a gestionar el permiso de salida de las hermanas para Italia, y como responsable se quedó Sor Carmen Moreno, después de un tiempo recibió los pasaportes que permitían la salida de las religiosas,  las cuales embarcaron para Italia, con la excepción Sor Carmen Moreno y de Sor Amparo Carbonell, que se ofrecieron a quedarse, aún  conscientes del peligro de muerte que corrían, para cuidar a otra religiosa, que se encontraba internada en una clínica, recientemente operada de cáncer.

Los temores y zozobras padecidos a lo largo del mes de agosto, tuvieron su final el 1 de septiembre, fecha en la que apresadas por una patrulla de milicianos fueron llevadas en un camión a un comité de barriada, donde fueron interrogadas por un tribunal popular, después de permanecer encerradas tres días en condiciones infrahumanas. Al no negar su condición de religiosas, fueron condenadas a muerte.

Fueron fusiladas la madrugada del día 6 de septiembre de 1936, en el paredón del Hipódromo de Barcelona. La fama de martirio de las dos religiosas comenzó inmediatamente después de su muerte, que sufrieron en aras de su fe y de su gesto heroico de caridad. La Iglesia reconoció la fuerza testimonial de su martirio al proclamarlas beatas el 11 de marzo del 2001.