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13Ene

Agradecidas al Espíritu de Mornese (IV)

TRASPASAR LOS LÍMITES DE UNA VENTANA

Vaya por delante que no soy una experta en Madre Mazzarello. Digamos que soy conocedora de su vida y obra a nivel usuario. Provengo de una tradición diferente a la salesiana porque he crecido y me he educado con otra congregación, las Hijas de Jesús (Jesuitinas). Hace 13 años entré en contacto con el ambiente salesiano y desde entonces colaboro como voluntaria en el Proyecto Casa de la asociación Valponasca en Aravaca.

Todo lo salesiano me gustó desde el principio y, de alguna manera, se interiorizó en mí de forma natural. Desde mi primera incursión, me llamó la atención el tremendo impacto que Don Bosco tiene en el devenir salesiano, al igual que María Auxiliadora. Muy pronto se me regaló un libro de las Memorias del Oratorio, vi la película sobre su vida, memoricé sus frases más célebres y se me obsequió con una relativa amplia gama de llaveros y estampitas de María Auxiliadora y del Santo de Turín. Pero no fue hasta unos meses después cuando alguien me contó que, en realidad, el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora tenía una cofundadora, una santa llamada María Mazzarello, también italiana y coetánea de Don Bosco. Fue esta (comparativamente) pobre información recibida sobre ella lo que me indujo a buscarla y a tratar de conocerla mejor. Y, a pesar de que aún necesito mucha más lectura, descubrí lo que, para mí, sin duda, es uno de los mayores tesoros salesianos: Maín. Conocí a una mujer sencilla, humilde, una mujer de Dios, con una vida tremendamente difícil, sin estudios, sin salud (o con poca), sin grandes recursos y sin grandes expectativas. Una vida situada al lado de una ventana. Una vida con muchos “sin”, pero con los más importantes “con”. Se me descubrió entonces la enorme figura de una mujer que hace de lo cotidiano y lo sencillo un obra de arte a Dios y a los demás.

Creo que vivimos en una época en la que se ha puesto de moda, se reivindica y se sobrevalora lo feminista. Para mí, Madre Mazzarello es el Ejemplo, con mayúsculas, de lo femenino. María Mazzarello fue consciente de su entorno, asumió sus debilidades, aceptó su lugar en el mundo y tuvo el coraje y la valentía de transformar las dificultades en oportunidades, luchando por lo que sentía y lo que quería. No luchó contra sí misma ni su contexto, no buscó golpes de efecto ni ser reconocida como adalid de ningún movimiento. Le bastó con convertir lo sencillo y puntual en eterno y universal, trabajando por y con Dios por los que amaba sin descanso y reclamando lo justo que corresponde a cada una.

Quizá, y después de todo lo dicho, si tuviera que destacar algo de Madre Mazzarello diría lo primero que pensé sobre ella: tuvo la misma intuición que Don Bosco. En la Italia del siglo XIX, en su situación personal y vital, tuvo la intuición de que las jóvenes necesitaban una Respuesta. Y, sencillamente, les ofreció la suya, que fue su respuesta salesiana. Les ofreció una casa que acoge, un patio que educa y una Iglesia que evangeliza, sean cuales fueran sus palabras o sus frases. Me atrevería a decir que Madre Mazzarello ya era salesiana antes de conocer a Don Bosco.
Esto es con lo que me quedo, su intuición. No creo que fuera corazonada, ni instinto, ni una idea que proviniese del estudio y la reflexión, sino la clarividencia de una mujer arraigada en una vida interior de silencio, escucha y confianza en Dios.

La herencia que nos dejó Maín es como lo fue su vida, sencilla y fuerte. El Instituto de las Hijas de María Auxiliadora tiene (tenemos) la suerte de contar con la figura, de lo más actual, de su cofundadora. Es el mejor ejemplo para educar en lo femenino y salesiano. Los jóvenes, educadores y la familia salesiana al completo tienen en Maín el modelo de mujer plena, no perfecta, con sus claro-oscuros, con sus objetivos, anhelos y potencialidades, que fue valiente y sincera al orientar su vida en la dirección de Dios. Una mujer que educó desde la intuición y la confianza en Dios. Una mujer que supo traspasar los límites de una ventana.

Le doy las gracias al Instituto por presentarme a María Mazzarello. Ojalá nuestra vida y nuestra labor educativa nunca pierda de vista a Maín.

Vivi Herrero de Laorden

Voluntaria Asociación Valponasca – Madrid