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13ag.

Agradecidas al Espíritu de Mornese (XI)

LA HISTORIA DE MI “SÍ”

Me siento muy agradecido por haber sido invitado a compartir mi testimonio dentro de esta sección, especialmente en este mes de agosto de tan profundo significado para todos los que formamos esta gran familia salesiana.
Para mí el espíritu de Mornese, es la historia de mi “Sí” a aceptar el compromiso y la responsabilidad de ejercer la tarea como director titular de mi colegio de Salamanca.

Empecemos la historia por el principio. Yo tuve la enorme fortuna de ser invitado a participar en el I Proyecto Mornese, para HMA y laicos en abril de 2010. Poco podía imaginar en aquel momento, que aquella visita a los lugares salesianos iba a cambiar mi vida profesional y personal. Por aquel entonces yo era director pedagógico de Ed. Secundaria y Bachillerato, tarea que venía ejerciendo en los últimos 9 años. Algunos meses antes, en un encuentro con mi provincial esta me propuso que para el próximo curso pasase a ser el primer director titular seglar de mi colegio. Todos mis referentes en el cargo habían sido hermanas. La sola propuesta me abrumó, los miedos a la responsabilidad, a estar a la altura de las circunstancias, a la posibilidad de “despeñar” el colegio me atenazaron y antes de darle una respuesta, le pedí unos meses de reflexión.
Cuando estaba haciendo mi maleta, para partir hacia Roma, Turín y Mornese, metí en ella todos mis miedos y recelos en la esperanza de que la experiencia me ayudase a discernir cual debía ser mi respuesta. Compartí la experiencia con hermanas y seglares tanto de España como de Hispanoamérica, personas excepcionales, con un enorme sentido de pertenencia y una fuerte vocación. Algunos de los seglares ya ocupaban cargos como directores titulares desde hacía varios años y su ejemplo y aliento me animaban en mi toma de decisión.

La primera semana en Roma, me permitió profundizar en el conocimiento de los difíciles orígenes de la Iglesia. Las visitas al Vaticano fueron inolvidables. La segunda semana la dedicamos a recorrer los pasos de D. Bosco, desde I Becchi hasta Valdocco en Turín. Pude entender que la vida de D. Bosco no había sido nada fácil y que él también tuvo que tomar muchas decisiones difíciles, pero que siempre lo hizo pensando en su amor inquebrantable por los jóvenes, especialmente por los más necesitados.
La tercera semana, descubrí a Maín. No es lo mismo que te lo cuenten que pisar por donde ella pisó, conocer en profundidad su biografía in situ y su difícil y generosa vida de entrega. Me sorprendió que una persona sin preparación académica, ni grandes conocimientos pudiera haber creado esta inmensa familia repartida por los cinco continentes. Entendí que no eran precisos grandes conocimientos y una amplia formación, bastaba la voluntad de querer ser generoso, como lo había sido ella y poner mis pocas o muchas capacidades al servicio de los jóvenes.313

En las muchas oraciones realizadas en los mismos lugares donde D. Bosco y Maín oraron y los muchos paseos entre los viñedos de la Valponasca, me hicieron entender que eran ellos quienes me estaban pidiendo que diera el paso adelante y que iban a ser ellos quienes me guiaran y acompañaran en la toma de decisiones, que yo sólo tendría que poner el compromiso y el amor generoso por los chicos.
Cuando escribo estas líneas estoy terminando mi décimo curso como director titular. No han sido años fáciles, ha habido momentos de todo tipo, pero no me arrepiento de la decisión tomada, me ha permitido crecer como profesional de la educación y como persona, y en todo momento he sentido conmigo a muchas personas que me han apoyado y el aliento de estas dos almas generosas que no han permitido que “despeñara” el Colegio.

Para terminar quiero expresar mi más sincero agradecimiento a Sor Olga Portero, a Sor Mª Constanza Arango y a Sor Mónica Menegusi, por su maternal cariño con el que prepararon él proyecto y por todas y cada una de sus infinitas explicaciones durante las numerosas visitas, con las que consiguieron impregnarnos de su admiración y cariño por D. Bosco y Maín y que entendiéramos el verdadero sentido de sus vidas.