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13Jun

Espíritu misionero: De Argentina a Paraguay

«VALE LA PENA ANIMARSE A ESCUCHAR AL SEÑOR, VALE LA PENA ENTREGARLE TODO. NO HAY MAYOR FELICIDAD QUE SOLO VIVIR DE ÉL Y PARA ÉL»

(S. Natalia, misionera en Paraguay)

¿Cuál es tu nombre y apellido?

Hna. Natalia Verónica Maricoy (38 años)

¿Cuál es tu ciudad y país de origen?

Comodoro Rivadavia, ciudad del viento y del mar; en la Patagonia (Argentina).

¿En qué país te encuentras como misionera?

Me encuentro de misionera ad gentes en el Chaco Paraguayo, en Ñu´ Apua, es un internado-escuela de chicos y chicas.

¿Cuánto tiempo llevas allí?

Llegué al Paraguay en noviembre del año pasado. A esta mi misión llegué el 7 de febrero del presente año (2021), hace apenas cuatro meses.

¿Qué hizo nacer en ti la vocación misionera?

Para mi escuchar el llamado a la misión ad gentes fue decirle de nuevo al Señor, Sí, como respuesta a su gran amor que es incalculable, incondicional, renunciando a estar cerquita de mi familia, a quienes amo, mi mamá Blanquita, mis hermanos, cuñadas y sobrinas/os, mi papá me acompaña desde el cielo. Dios me enseñó a vivir la caridad en el seno de mi familia, mi madre y mi padre, junto con mis hermanos, me enseñaron con sus testimonios que hay que levantar la cabeza y mirar a nuestro prójimo, mi madre me pulió la mirada: de niña me decía: «Hijita te doy dos paquetitos de galletas, mira si alguien no puede llevar y con sencillez dáselo», así era, y éramos humildes. Luego Dios me habló, a través de mis hermanas/as misioneros/as ad gentes, cuando los conocí despertaron en mi sintonía y admiración. Creo que la forma más radical de vivir mi consagración, es esta, mi vocación, misionera ad gentes. Me marcó mucho el testimonio de ofrecer la vida por los niños y jóvenes más pobres, el amor a Jesús Eucaristía y el amor a María. Comparto con ellos el mismo sueño salesiano misionero.

¿Qué misión concreta llevas adelante en este momento?

En este momento somos tres hermanas, dos hermanas paraguayas: Sor Rosa Lucía, la directora, Sor Martina y yo. De por sí esta comunidad es misionera ad gentes, el lugar donde vivimos se llama Tierra adentro, es difícil llegar y partir; los caminos se complican cuando llueve. El agua que tomamos es de lluvia (aljibe). Es un internado-escuela de chicos y chicas. Estos jóvenes y niños son en su mayoría hijos de los trabajadores de las estancias, algunos vienen de comunidades aborígenes. Si no estuviera esta escuela – internado aquí, estos jóvenes y niños, no podrían estudiar, es una gran bendición, a pesar de los desafíos que presenta. Las hermanas somos responsables del internado de mujeres y niñas donde soy vicecoordinadora, en él doy lecciones de Psicología, lengua extranjera y religión; también soy ayudante de pastoral y ayudo a los que tiene dificultades de aprendizaje y brindo acompañamientos salesiano a quienes me lo solicitan, realizamos oratorio cada tanto. Soy feliz entregando mi vida cada día, en las pequeñas cosas. En este tiempo en donde es tan difícil tener clases presenciales por la pandemia, nosotros actualmente estamos viviendo el milagro de tener clases presenciales.

¿Qué has aprendido de las personas y la cultura del lugar donde te encuentras?

Aprendo cada día, sus rostros claros por sus posibilidades de bien. Es un misterio de Dios cada persona, cada cultura. Aprendo que están los paraguayos, están los de comunidades aborígenes, los de comunidades Ishir, etc; cada comunidad tiene su lenguaje, que no es guaraní. Aquí se habla en general español y guaraní (que he comenzado a aprender). Siento mucha emoción cuando descubro la bondad de los jóvenes, su apertura a mis invitaciones, me habla de la confirmación de Dios que me hizo lugar aquí, y ellos me lo manifestaron y me lo siguen expresando, agradezco a Dios por eso. Y como de verdad me importan y se dan cuenta, me abren en general sus corazones, dándose a conocer, cada vez más.

Después de estos años de misión… ¿Que te gustaría decirles a los jóvenes?

Creo que les regalo la convicción de que vale la pena animarse a escuchar al Señor, que vale la pena entregarle todo, que no hay mayor felicidad que solo vivir de Él y para El. Los que sentimos su gran amor no podemos no compartirlo, en mi caso quiero compartir como Él quiera el gran amor que me ha dado desde siempre, desde el seno materno, quisiera que todos lo conozcan, porque Él da la verdadera libertad interior, Él da el verdadero sentido de nuestras vidas, Él da nuestra verdadera identidad ser hijos en el Hijo, y al ser hijos ser hermana de todos. Junto con animarse a escuchar, animarse a dejarse acompañar, y no perder el tiempo, la vida es una sola y el tiempo se pasa volando, pero podemos elegir como queremos vivir nuestra vida, nuestro tiempo que también es Don, como dice nuestro amigo, el papa Francisco “no balconeemos la vida”, entreguémosla, esa es nuestra mayor felicidad.

 

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