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13May

Espíritu misionero: De Italia a Hungría

«CADA DÍA HACER TODO EL BIEN POSIBLE, POR PEQUEÑO QUE SEA.

HASTA EL OCÉANO ESTÁ FORMADO POR MUCHAS GOTAS…»

(Sor Beatrice, misionera en Hungría)

¿Cuál es tu nombre y apellido?

Me llamo S. Beatrice Romani.

¿Cuál es tu ciudad y país de origen?

Nací en un pequeño pueblo de la provincia de Sondrio (Italia), Valdidentro, cercano a la frontera con Suiza. Allí no estaban las hermanas, pero yo dije a mi párroco que quería ser religiosa. En 1961, cuando tenía 11 años, me acompañó a Turín donde conocí a las salesianas. A los 13 años decidí quedarme con ellas para siempre, por pura GRACIA del Señor.

¿En qué país te encuentras como misionera?

Me encuentro como misionera en Hungría. Hay tres comunidades FMA en este tierra, Ahora estoy en Mogyoród, un pueblo de 7.000 habitantes, muy cerca del circuito del Gran Premio de Fórmula 1 de Hungría.

¿Cuánto tiempo llevas allí?

Desde hace 28 años.

¿Qué hizo nacer en ti la vocación misionera?

Dentro de mi propia vocación, siempre ha existido esta apertura para ir más allá del estrecho círculo de la propia existencia. Ya a los 20 años, en mi profesión hice la petición misionera, consciente de que, en nuestro bautismo, está ya implícita la la energía para regalar a los demás el «tesoro», la «perla preciosa»,  JESÚS (Mt 13,44-45 ) que perfecciona a todo hombre y mujer. Pero en 1992 la Madre General, Sor Marinella Castagno, con el fin de responder a la solicitud de los obispos de los países en proceso de liberación de los regímenes comunistas o totalitarios, y por tanto abiertos a la reconstrucción de las comunidades religiosas dispersas o destruidas, envió la habitual carta mensual solicitando algún ”SÍ”, para ayudar a retomar allí la Vida consagrada. Le escribí que si ella pensaba que era bueno, estaba lista para ir donde fuera necesario.

El destino a Hungría fue muy sencillo. En Turín, en una escuela donde enseñé y en la comunidad donde vivía, hospedamos a una señora húngara, Teresa Ólah, que buscaba un hogar y un trabajo. La Madre General dijo: ”Si hay una señora de esa tierra comienza por estudiar ese idioma…” Una lengua muy bonita, pero muy difícil, tanto que ni siquiera ahora la conozco como debería. El 21 de agosto de 1992, acompañada de esta señora, llegué a Hungría.

¿Qué misión concreta llevas adelante en este momento?

Llevamos adelante una Escuela Infantil, trabajamos en el oratorio, la catequesis, la formación de animadores y de Salesianos Cooperadores. Estamos en contacto con las otras congregaciones religiosas femeninas, y también masculinas, con dos encuentros al año (en estos momentos de forma online). Trabajamos con los hermanos salesianos en la acción pastoral -vocacional. Estamos atentas a las indicaciones de la Iglesia presente en Hungría, especialmente ahora con el Congreso Eucarístico que el 12 de septiembre se concluirá con la presencia del Papa Francisco. Llevamos especialmente en el corazón a las familias, probadas y desorientadas en el camino de la fe y en su tarea educativa.”

Colaboro en las activades de la casa pero además con la oración, el interés, la comunicación y la responsabilidad, en cuanto «representante legal” del Instituto FMA en Hungría, procuro continuamente echar una mano, para que el carisma salesiano tenga raíces cada vez más profundas, que con su fuerza de anuncio gozoso y santo impregne toda la vida y la experiencia de la gente,  haciendo una síntesis entre fe y vida.

¿Qué has aprendido de las personas y la cultura del lugar donde te encuentras?

He aprendido que «siempre se puede aprender algo», sobre todo si nunca lo has hecho, porque encuentras personas que simplemente te apoyan. Despues de todo si te das, si miras al otro antes que a ti mismo… lo ganas, en humanidad, ya que lo esencial que permanece para siempre es solo el AMOR. Y el agradecimiento o el  MAGNIFICAT interior se hace cada día más verdadero y mayor, por todo y por todos. También aprendí más conscientemente que a la dulzura, de la que San Francisco de Sales es testigo, y a la bondad que tiende puentes en todas partes, de la que habla el Papa Francisco en Fratelli Tutti, tengo que convertirme todos los días con la ayuda de María Auxiliadora y de todos los santos.

Después de esto años de misión… ¿Que te gustaría decirles a los jóvenes?

A cada joven de España y del mundo decirle: Eres único, porque Dios te ama en este momento y siempre. Esta singularidad no roba nada ni a nadie. Sea cual sea tu puesto, lugar, trabajo, estudio y, por tanto, tu vocación que sepas que cada momento es » gracia del Señor”, porque “en Él vivimos, nos movemos y existimos» (Hch 17, 25).

Intenta caminar con esta LUZ de fe y esperanza, precisamente en el mundo de hoy, con esta pandemia que no es casualidad, si cada día te habita lo esencial, la solidaridad, el deseo de crear paz. Solo hay que abrir la mente, los ojos, las manos y el corazón, y habrá lugar cada día para empezar a hacer todo el bien posible, por pequeño que sea. Hasta el océano está formado por muchas gotas… ¡Pongámonos la nuestra!

¡Viva Don Bosco, María Mazzarello y su vida, querido joven! Amén.