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12Aug

Campobosco 2022… una experiencia que deja huella

Los 780 jóvenes que participaron en el #CPB22 fueron enviados a sus presencias salesianas de origen como testigos de lo que han vivido en estos días intensos por Barcelona, Mornese o Turín, siendo portadores de una fe y alegría desbordante que proviene de una amistad afianzada con Jesucristo y con los santos salesianos a los que han visitado en este encuentro juvenil.

Aquí compartimos algunos testimonios de jóvenes de nuestras casas FMA tras la vivencia del Campobosco… ya empiezan a cumplir el compromiso de compartir con todos la experiencia vivida:

Para mí el Campobosco ha sido la mayor experiencia de fe que he vivido nunca; era imposible no sentir a Dios en cada uno de los lugares que visitábamos. Además, fue muy emocionante darme cuenta de que había tantos jóvenes dispuestos a hacer el bien, a seguir el camino de Jesús y a repartir el carisma salesiano allá por donde vayan. Poder conocer y compartir con personas tan diferentes es enriquecedor y vuelvo a casa convencida de la importancia de nuestra labor como educadores.

A partir de ahora deseo trasladar a mi día a día todo lo aprendido durante esta semana, y estoy decidida a atreverme, confiar y vivir. Todas las palabras sobre esta experiencia se quedarían cortas, es algo que hay que vivir para poder comprender. Así que yo estaré eternamente agradecida.

(Esperanza Delgado, Nervión – Sevilla)

Hay ocasiones que las palabras no alcanzan para resumir una experiencia, y esta es una. No son suficiente las 27 letras del abecedario para describir lo vivido en estos días en el Campobosco. Para mí ha sido una experiencia de fe viva, de familia, pero también una experiencia de sentirme querida por Dios. Un amor que Dios me ha regalado en forma de momentos, personas, abrazos. Cada momento del CAMPOBOSCO ha aportado luz a mi testimonio de fe y me hace seguir adelante siguiendo a Jesús, como un día hizo Don Bosco y Maín, con la alegría y el amor a los jóvenes por bandera. Cada una de las celebraciones y momentos me han hecho sentir que Dios está conmigo en cada paso que doy. Recuerdo sentir estos días la sensación de Pedro en el monte Tabor: ¡Qué bien se está aquí! Y es que… qué bien se está en la presencia de Dios, el alma me sonríe cada vez que recuerdo algún sitio en el que estuvimos, alguna oración que compartimos, alguna explicación, y es que solo puedo agradecer por todo lo vivido.

Espero de corazón poder compartir en casa, esto que llevo en el corazón, y que todos podamos transmitirlo allá donde vayamos. Porque da igual de donde seamos, cuando el amor que nos une es el mismo. El mismo amor que unió y dio fuerzas a Don Bosco y a Maín. Le doy las gracias a Dios por todas las personas que he conocido, cada una de las personas que nos explicaban los lugares con tanta pasión y cariño y espero poder hacer con todo lo que he aprendido y vivido, VIDA de testimonio. Un testimonio de amor y gratitud, como el de Don Bosco y Maín. Espero que a cada joven, al hablarle de Don Bosco y de Maín, le llegue al corazón cada cosa que he podido vivir. Para mí las palabras de Don Bosco “Estad siempre alegres” se han convertido en vida, y así quiero vivirla: alegre en la fe, en una fe que lo alumbra todo ¡Gracias a cada una de las personas que lo han hecho posible!

¡Gracias Dios por dejarme vivir la fe a través de los ojos de Don Bosco y de Maín! Ojalá ser fiel reflejo de ellos en casa, bajo el manto de María Auxiliadora.

(Alba Rodríguez, Tenerife)

 ¿Qué ha supuesto para mí este Campobosco? ¿Qué experiencia he vivido? Simplemente ha sido una experiencia de santidad, una mirilla para ver el camino a la salvación que nos marcaron con su estilo Maín y Don Bosco, ha supuesto amistades nuevas, reencuentros, y como no oración, reflexión, reconexión con Dios e iluminación de caminos que tenían una luz tenue, he tenido la suerte de poder volver a vivir el Campobosco de una manera distinta y me siento un afortunado de haber podido llevar un grupo de jóvenes, y de haber cumplido el sueño salesiano que me quedaba, que era llevar a los jóvenes de mi casa con los ojos cerrados a la basílica y presentarlos a María Auxiliadora. Gracias, Don Bosco y Maín, por hacer mis sueños realidad.

(José Mª Hurtado – “Makensy”, Nervión – Sevilla)

Vivir el Campobosco en la etapa previa a vivir el postulantado entregada a Dios y a los jóvenes ha sido verdaderamente maravilloso. Intentando contar la experiencia vivida, puedo decir que no hay palabras exactas para contarlo porque ha sido vivir un sueño hecho realidad. He podido verme ahí soñada por Don Bosco en el patio de Valdocco, reflejada en ese tan bello “a ti te las confío” que un día sintió María Mazzarello y yo he vuelto a sentir.

Ha sido mágico, providencial, bello, maravilloso… porque he podido sentir el mismo latir de 761 jóvenes convocados por nuestros padres en el carisma salesiano. Llamados a ser sal, porque aquello que dar un poquito de sabor y luz, para alumbrar con sencillez a los que encontramos en nuestro camino. Y creo que así lo he vivido, lo he sentido. Ha habido jóvenes, que han marcado mi camino y a los que gracias a Dios yo he marcado su camino, porque luego lo expresado con un gracias agradecidos por la entrega de 10 días maravillosos compartidos desde un mismo sentir.

(Clara Neira, aspirante FMA – Barrio del Pilar)

 Esta experiencia ha supuesto una parada para respirar, coger aire y continuar. Continuar con el corazón lleno de fe, con ilusión por seguir dándonos a los jóvenes como Don Bosco y Madre Mazzarello.

Campobosco es una mirada al interior, reconociendo hacia dónde caminamos y valorando con quién hacemos este camino. Una oportunidad de vida para muchos jóvenes que vuelven a casa con la ilusión de compartir lo vivido y hacer de este camino una experiencia de vida.

(Paula González, Árbol Bonito – Las Palmas)

Para mí el Campobosco ha supuesto una vorágine de sentimientos, experiencias y una nueva forma de enfocar mi fe, además de ser una forma diferente de sentir a Dios, a Don Bosco y a Madre Mazzarello. De cada persona me llevo un poquito, ya que he podido aprender de todos y todas, sin lugar a dudas para entender qué es el Campobosco hay que vivirlo, porque no sabría definirlo con palabras.

Amor, gratitud y felicidad, estas serían las tres palabras con las que me quedaba de esta experiencia.

(Borja Bea, Valencia)

 El Campobosco ha sido como un gran camino que te invitaba a seguirlo, lleno de gente y lugares que aunque no habíamos visto antes nos resultaban familiares, ha sido una experiencia donde se nos permitía vivir todos los días la fe. Para mí personalmente ha sido un marcador que indica el inicio de una elección de vida: entregarme a los jóvenes.

Darme cuenta de cómo personas como Maín o Don Bosco entregaban todo lo que tenían a los demás a pesar de no tener nada me ha hecho pensar que lo más valioso que tengo es mi tiempo y quiero dedicarlo a que otros jóvenes puedan aprender cómo yo todos los valores que nos dejaron.

(Néstor Luján, Valencia)

 El Campobosco es una experiencia única. Remarcaría el hecho de poder visitar el origen de todo por lo que estamos aquí y poder compartirlo con amigos y gente nueva, ya que es mágico.

(Adrián Arener, Tenerife)

El mejor momento: Es difícil seleccionar uno pero me quedo con la entrada en la Valponasca, me sentía en casa. Al asomarme por la ventana sentí las sensaciones de estar con Maín. Después al bajar estuvimos todas las salesianas cantando y nos hicimos oír sobre todos los que disfrutábamos el Campobosco. Me llevo una experiencia de comunión, de convivencia y de sentir a jóvenes de distintas realidades que son como yo.

En cuanto a la palabra al oído que me llevo es la sensación de la grandeza de la obra que tras siglos está viva y en crecimiento. Me hace seguir adelante con ilusión y como Don Bosco y Madre Mazzarello… TODO POR LOS JÓVENES

(Sara Ruiz-Canela, Plaza Castilla – Madrid)

Sin ninguna duda esta experiencia ha marcado mi alma para el resto de mi vida. Serán las conversaciones, los momentos a solas, los lugares, la historia de estos, las personas o sentir a Dios cada segundo. No puedo expresar tantos sentimientos que he experimentado, pero estoy seguro que todo eso lo puedo definir como Amor, todo lo vivido ha sido Dios.

Hubo un momento que fue mágico y fue tras celebrar la eucaristía en la Basílica de María Auxiliadora en Valdocco, cuando todos nos acercamos espontáneamente a cantar el himno. Ahí sentí como Dios mediante nuestro carisma se hace presente en nuestras vidas. Nunca he sentido mi corazón arder tanto de pasión y fe. Y más aún cuando es algo que cada uno ha experimentado, en comunidad. Esta experiencia es transformadora para quien la vive. Nadie vuelve a casa igual.

(Félix Sevillano, San Vicente – Sevilla)

Hay momentos en la vida donde te haces muchas preguntas, donde necesitas respuestas que piensas que nadie te puede dar, o bien, tienes heridas contigo o con el mundo que deseas curar. Y tienes épocas en las que, por circunstancias, estás más lejos de Dios y de todo su alrededor. Para mí, este Campobosco, ha sido esa respuesta, esa tirita y ese reencuentro que tanto ansiaba.
La respuesta a que si todo en lo que llevaba veinte años de mi vida, educando, viviendo, soñando y animando seguía teniendo el mismo sentido para mí. Y la respuesta fue que sí, un sí rotundo. Sentí que María Auxiliadora, Maín y Don Bosco estaban conmigo, acompañándome en ese viaje. Haciéndome formar parte, más que nunca, de la vida salesiana.
También es tirita que a veces necesitamos poner para cerrar etapas y empezar otras nuevas. Sentir la mano de Dios, mientras te dice: “todo va a ir bien”.
Y por supuesto ese reencuentro que tanto ansiaba, conmigo misma y con el mundo salesiano, ese reconectar para volver a conectar, y ¡vaya conexión! No me gustaría volver a desconectar nunca y si alguna vez sucede, recordar este viaje todos los días de mi vida para coger fuerzas. Porque sé que siempre, María Auxiliadora estará ahí, conmigo. Saber que ir a Valdocco, la Valponasca, Mornese…. Es estar en casa.

(Alba Astudillo, Villaamil -Madrid)

La experiencia del Campobosco ha sido la más intensa de mi vida. He aprendido a valorar la importancia de frenar en seco, contemplar lo que tengo a mi alrededor y colocar a Dios en el centro de mi vida.

Podría situar este Campobosco como mi renacer como cristiano, porque no solo es importante saber en lo que se cree, sino que también es crucial darse cuenta de que si quieres ir rápido en el camino de la fe, lo mejor es ir solo, pero si lo que verdaderamente te interesa es llegar lejos, tienes que ir acompañando; y principalmente eso es lo que hemos hecho. Hemos sido 760 los jovenes que hemos caminado por una senda donde figuras como la de San Juan Bosco y Santa María Mazzarello nos han ido descubriendo lo afortunado que somos por ser parte de este sueño, la obra salesiana.

Desde la Catedral de Turín hemos sido enviados a compartir la Buena Noticia con todo el mundo, y como si de Pentecostés se tratara, cada uno de nosotros nos hemos dirigido a un lugar distinto de la Península Ibérica para anunciar que Dios es amor y que su madre, María, es la Auxiliadora de la humanidad.

(Alejandro Ramírez, Nervión – Sevilla)