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Espíritu misionero: De Italia a Jerusalén, pasando por África

“DESCUBRIR LA BONDAD DE DIOS ES CONVERCERTE A TI MISMO DE QUE LA PENA DARLO TODO”

(S. Roberta, misionera en Tierra Santa)

¿Cuál es tu nombre y apellido?

Mi nombre es S. Roberta Tomasi.

¿Cuál es tu ciudad y país de origen?

Soy italiana aunque me siento ciudadana del mundo porque ya han pasado 31 años desde que Dios tomó literalmente mi deseo de servirle donde quiera que me pidiera que fuera. También estaba dispuesta a quedarme en Roma, mi ciudad de origen, si esto fuera lo que Él quería  para mí y lo hubiera hecho con mucha alegría.

¿En qué país te encuentras como misionera?

Actualmente estoy en Tierra Santa, en Jerusalén  pero con anterioridad he pasdo 25 años en África.

¿Cuánto tiempo llevas allí?

Comencé mi experiencia misionera “ad gentes” en el continente africano, donde permanecí durante 25 años: las personas, especialmente los jóvenes, y mis hermanas que conocí en Lesoto, Sudáfrica, Zambia, Etiopía, Sudán y Sudán del Sur han sido y serán siempre mi escuela de vida que me ha enriquecido cada día convirtiendo mi corazón, espero que para mejor, y ensanchando mi mente para acoger la novedad y la diversidad de cada cultura. Nunca agradeceré lo suficiente al Señor por el don de hacerme gustar la riqueza de tantos pueblos, expresiones culturales ricas de significado y diversidad. Después de 25 años en África, el Señor me ha  llamado al Medio Oriente. Desde hace cinco años y medio estoy en Jerusalén, en la Ciudad Santa de las tres grandes religiones monoteístas: una experiencia totalmente diferente de la pasada, pero igualmente rica de la que sigo aprendiendo cada día.

¿Qué hizo nacer en ti la vocación misionera?

Soy oratoriana y el contacto diario con las Hijas de María Auxiliadora hizo surgir en mí el deseo de ser como ellas. Durante los años de mi adolescencia en el centro juvenil había unos libritos que hablaban de nuestras misiones en varias partes del mundo y les devoré pensando que un día … quizás…. pudiera también yo acompañar a esas hermanas en aquellas partes del mundo que ni siquiera yo conocía.

Cuanto más tiempo pasaba, más pensaba en la vida religiosa salesiana como el proyecto que Dios tenía para mi vida. Cuando terminé la Escuela Superior comencé el período de orientación o aspirantado. La separación de mi familia me costó mucho, soy la mayor de 4 hermanos;  mis padres, mi hermano y mis hermanas han sido y son un regalo inmenso por el que no agradeceré al Señor lo suficiente. Durante los años de la formación inicial, me di cuenta verdaderamente de los muchos dones recibidos de Dios: una buena familia, una infancia tranquila, los años pasados ​​en el centro juvenil, las personas que había conocido hasta entonces y por supuesto, el don de la vocación religiosa. Poco a poco sentí que mi forma más profunda y sincera de decir GRACIAS era la de abrazar el mundo y dejar que Él me guiara a donde me necesitara. Trás  la profesión religiosa me fui a estudiar y al finalizar mis estudios y realicé dos años de apostolado; junto con la petición de ser admitida a los votos perpetuos, presenté mi disponibilidad de vivir mi vocación donde el Instituto lo necesitara. Y así comencé a tomar en serio la vida y… los dones de Dios se multiplicaron. El Instituto acogió mi disponibilidad y comencé mi experiencia misionera

¿Qué misión concreta llevas adelante en este momento?

Aquí acogemos a los peregrinos que vienen a visitar los lugares santos y permanecen en la tumba de Jesús Resucitado.

¿Qué has aprendido de las personas y la cultura del lugar donde te encuentras?

¿Tienes curiosidad por saber qué estoy aprendiendo durante estos 37 años de vida religiosa y 30 años de los que viví como misionero ad gentes? Estoy aprendiendo a disfrutar de la riqueza de la diversidad, a dialogar con el corazón (cuando el idioma no es el mismo) pero sobre todo a repetir mi AGRADECIMIENTO con una conciencia cada vez más profunda porque cada día estoy más convencida de que abrazar el mundo también es abrazar a DIOS. Por supuesto que Él no es tan pequeño como mi mundo pero lo importante es que se deja abrazar y yo disfruto cada momento de este abrazo de amor que paga con creces los pequeños sacrificios y las pequeñas derrotas que la vida trae consigo.

Después de estos años de misión… ¿Que te gustaría decirles a los jóvenes?

Descubrir la bondad de Dios es convencerte a ti mismo de que vale la pena darlo todo con una sonrisa en los labios y el corazón en las manos para dárselo con gratitud a cualquiera que conozcas.