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05Dic

Novena de la Inmaculada: La mirada de María (Día 7-9)

La Novena de la Inmaculada – del 29 de noviembre al 7 de diciembre de 2021 – dentro del tiempo de Adviento, prepara la espera del Dios que se hace hombre. En la tradición salesiana, la celebración de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción es particularmente significativa, en la vida de Don Bosco y de la Familia Salesiana, que recuerda el nacimiento del oratorio, el 8 de diciembre de 1841, y de María Mazzarello que en Mornese, con algunas jóvenes, se consagró a María como Hija de la Inmaculada.

La propuesta de esta novena se inspira en la Conferencia ofrecida a las Capitulares, el 17 de octubre de 2021, por Sor Linda Pocher, FMA, Profesora de Mariología en nuestra Facultad “Auxilium”, sobre el tema: “María y el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora. En el nombre, la identidad educativa”.

Los Evangelios, desafortunadamente, no nos cuentan mucho sobre el tiempo vivido en Nazaret, el tiempo en que Jesús como niño, adolescente y joven fue confiado de forma directa y prolongada a los cuidados maternos de María. Sabemos, sin embargo, que, en la época de María, la mujer contribuía al mantenimiento de la familia realizando una gran cantidad de tareas domésticas y cuidando y educando a sus hijos, que pasaban todo el día con ella, hasta que tenían edad suficiente para asumir parte del trabajo de mantenimiento de la familia, en casa o fuera de ella. La madre, por tanto, era la primera educadora. Probablemente por eso la sabiduría se personifica en la Biblia en una figura femenina.

En el modo de ser y de comportarse de Jesús adulto, por tanto, se refleja ciertamente la acción educativa de María. De hecho, comparando las características de María destacadas en los Evangelios con algunas de las características de la personalidad de su Hijo, es posible destacar al menos tres actitudes y formas de hacer que probablemente Él aprendió de Ella.  Se trata de tres dimensiones de la vida humana que normalmente reciben una fuerte impronta materna, pues comienzan ya desde la vida en el vientre materno: la palabra, el gesto, la mirada.

Novena completa

DÍA 7-9: La mirada de María

El Evangelio de Lucas nos presenta explícitamente a María como modelo de atención, cuando insiste en su actitud de guardarlo todo meditándolo en su corazón (Lc 2,19.51). Los verbos griegos elegidos son especialmente significativos: el verbo guardar significa recordar escrupulosamente y con amor, sin olvidar nada; el verbo meditar significa asimilar, implicarse íntimamente, descubrir cada vez mejor la lógica profunda de lo ocurrido, buscar las conexiones entre las cosas vistas y oídas,

Jesús también es retratado en los Evangelios como un sabio, capaz de observar la vida y la naturaleza y de extraer de su experiencia cotidiana parábolas que, partiendo de la realidad conocida por todos, pueden llevar a los oyentes atentos cada vez más lejos, al encuentro con el Padre. Basta pensar en la enseñanza sobre la providencia divina, que comienza con la contemplación de las aves del cielo y las flores del campo; o en la parábola de la mujer que amasa el pan o de la mujer que encuentra la moneda perdida, dos escenas de la vida doméstica que podrían formar parte de sus recuerdos de infancia.

De María, por tanto, Jesús aprendió a aprender de la experiencia. Ha aprendido a no asustarse por las contradicciones de la realidad que le rodea y a confiar en la bondad de Dios. Como Hijo eterno del Padre, en cada una de sus palabras, en cada uno de sus gestos y en cada una de sus miradas, Jesús es guiado momento a momento por el Espíritu, para que quien lo vea, quien lo escuche, quien se deje tocar por él, pueda entrar en contacto con Dios Padre.

El amor del Padre moldeó y llenó su corazón y configuró su forma de ser y actuar. Sin embargo, para llegar a ser plenamente humano, no le bastó con tomar sólo la carne de María. Necesitaba experimentar la belleza y la alegría de ser hijo, de dejarse querer, alimentar, educar. La maternidad no consiste solamente en el hecho de generar, sino en una relación permanente que exige una tarea educativa única e imprescindible.

A la luz de la reflexión, piensa en los hechos de tu vida personal y comunitaria para:

  • Dar gracias por la presencia materna de María que me ha enseñado a confiar en la bondad de Dios y hacer lo que Jesús nos pide.
  • Cultivar una mirada ‘preventiva’ para reconocer las necesidades de los demás, sobre todo de las/los jóvenes y responder con alegría evangélica y audacia misionera.

 

DÍA 4-6: El gesto de María

El Evangelio de Lucas nos dice que María, después de dar a luz a Jesús, lo envolvió en pañales y lo puso en un pesebre. En la experiencia cotidiana de una familia, de hecho, mucho más que con palabras, el afecto se expresa con gestos. Sobre todo, cuando el niño es pequeño: la madre lo alimenta, lo lava, lo viste, lo mece para hacerlo dormir. Cuando el niño se convierte en adulto, la forma en que ha sido tocado, cuidado, alimentado, se refleja en su capacidad de conocer y cuidar a los demás.

Mirando a Jesús, tal como se nos presenta en los Evangelios, reconocemos en él la capacidad de tocar con amor y dejarse tocar, de alimentar y dejarse alimentar, de saciar la sed y dejarse saciar. Esta capacidad surge sobre todo con los más pequeños y frágiles: los niños, a los que no teme coger en brazos; las mujeres, con las que no teme relacionarse; los enfermos, a los que no teme tocar. Todos estos son gestos que no se dan por descontados para un rabino de su tiempo.

Llaman la atención los dos gestos que Jesús eligió para educar a sus discípulos y que dicen mucho de su experiencia familiar: la fracción del pan y el lavar los pies.

La fracción del pan, en la familia judía de la época, estaba reservada al cabeza de familia, al padre: ¿cuántas veces habría visto Jesús a José realizar este gesto? Por otra parte, lavar los pies era un acto reservado a los sirvientes en las familias ricas, pero en las familias humildes lo realizaban las mujeres de la casa. ¿Cuántas veces habrá lavado María los pies de José y de Jesús? Con la misma ternura vemos a Jesús inclinarse para lavar los pies de sus discípulos en la Última Cena.

A la luz de la reflexión, piensa en los hechos de tu vida personal, comunitaria y apostólica para:

  • Agradecer la presencia de María que he sentido en la acogida sincera de tantas personas significativas, que me han enseñado cómo el amor se manifiesta y se vive en los gestos concretos.
  • Elegir gestos de cercanía, de ternura, de confianza para entrar en contacto con las/los jóvenes y con cada persona.

 

DÍA 1-3: La palabra de María

En los episodios evangélicos que la conciernen, María nos sorprende por su capacidad de expresarse plenamente en lo que dice y de hacer preguntas: en la anunciación, en el hallazgo en el Templo de Jerusalén, en Caná. María no tiene miedo de ponerse cara a cara con su interlocutor, de revelar su experiencia, de hacer preguntas, ya sea un ángel, un siervo o Jesús. En su predicación, Jesús también utilizó frecuentemente la pedagogía de las preguntas. No tiene miedo al diálogo y es capaz de expresar sus experiencias y compartirlas con sus discípulos. ¿Cómo no pensar que lo aprendió de rodillas y en los brazos de María, su Madre? De hecho, todo ser humano que viene al mundo oye y aprende sus primeras palabras incluso antes de nacer, cuando, desde el vientre materno, comienza a escuchar la voz de su madre.

También en los sueños de Don Bosco, María Auxiliadora aparece como una maestra que acompaña haciendo preguntas, estimulando en el discípulo la capacidad de escucha, de observación y de reflexión, para ayudarle a afrontar el difícil paso del «quién soy» al «para quién soy».

En su manera de entrar en diálogo con el prójimo, María nos enseña que la capacidad de diálogo no consiste sólo en escuchar y estar de acuerdo, sino que requiere la valentía de ponerse cara a cara, de exponerse presentando la propia posición, expresando la propia experiencia, para que el intercambio logrado en el encuentro se convierta realmente en un patrimonio común y en la capacidad de afrontar juntos las dificultades.

A la luz de la reflexión, piensa en los hechos de tu vida personal, comunitaria y apostólica para:

Agradecer la presencia de María que nos estimula a no tener miedo frente a las novedades de la vida y a los desafíos de la misión.

Invocar la ayuda de María para ser más valientes al afrontar las dificultades de cada día y para manifestar con claridad nuestras convicciones.