22 jóvenes viven la experiencia de un campamento diferente donde el voluntariado es elemento esencial
Desde Nervión, Marbella y Cádiz, 22 chicos de los grupos del Itinerario de Educación en la fe de Emuná 4, de 16 y 17 años, se han lanzado a vivir por primera la experiencia de un campamento social. Mucha ilusión y algunos miedos, expectativas y ganas de darse eran el equipaje que traían en el corazón y en la mirada.
Ha sido un campamento diferente a todos los anteriores -decían los chicos al evaluar- pues aquí el voluntariado ocupa un papel central. A lo largo de la semana que ha durado el campamento, del 19 al 25 de julio, estos jóvenes han podido conocer y experimentar la labor social de dos entidades: el Cottolengo, una obra social gestionada por las Hermanas Servidoras de Jesús dirigida al cuidado de mujeres con discapacidad y escasos recursos; y la asociación Amigos de la Calle, una entidad social dedicada a atender a más de 700 personas que viven en las calles de Valencia.
El buen samaritano del Evangelio ha sido uno más en el campamento y cada día nos ha enseñado el modo de servir que nos propone Jesús: mirar, compadecerse, acercarse y ayudar. No solo hemos alzado la mirada como el papa León nos ha invitado en su visita, hemos ampliado nuestra mirada para conocer realidades lejanas a nuestro día a día. Hemos dejado que esa realidad tocara nuestro corazón y, lo más importante, nos hemos acercado a personas ante cuya presencia con frecuencia hemos pasado de largo, hemos pasado de la indiferencia a la cercanía, hemos sido capaces de romper barreras y tenderles una mano, de mirarlos a los ojos y reconocerlos como hermanos…
Hemos descargado un camión, empaquetado cruasanes, cortado sandía, envuelto regalos de Reyes… Hemos llevado un bocata y un zumo a quienes habitan en las calles de Valencia, hemos dado de comer a quienes no podían por sí mismos y hemos regalado una sonrisa cuando este era el único lenguaje viable… Hemos puesto nombre y rostro a quienes la sociedad excluye: Javier, Emilio, Antonio, Lola, Carmen, Mª de los Ángeles… Hemos aprendido de otros voluntarios, hemos reflexionado sobre la realidad de nuestra sociedad, hemos aprendido a valorar tantas cosas que damos por supuesto, a relativizar nuestros pequeños grandes problemas… Y, por cierto, también hemos sudado, ¡y mucho! Pero todo con alegría, con la satisfacción de estar viviendo un poco más el Evangelio: “Vete y haz tú lo mismo”.
No han faltado los momentos de silencio para interiorizar la experiencia, para reflexionar sobre la persona que queremos ser y comenzar a realizar nuestro proyecto de vida, donde sin duda también ha de tener un espacio el compromiso social… No han faltado tampoco los momentos de profunda oración y adoración, de convivencia y recorridos en autobús, de risas y bromas, de paseos por la ciudad y disfrutar del Oceanográfico y la Ciudad de las Artes y Ciencias. Regresamos a nuestras casas con un deseo renovado: ¡ QUIERO DARME!
Paloma Redondo, FMA, participante en el campamento social de Valencia

