El campamento de Emuná en Matapozuelos (Valladolid) ofrece un tiempo para crecer, compartir y encontrarse con Dios

El campamento de Emuná de la zona centro y norte de la Inspectoría (Barakaldo, Salamanca, Madrid, Valdepeñas y La Roda) reunió un año más en Matapozuelos (Valladolid) a niños, niñas, adolescentes, jóvenes, animadores y Salesianas para vivir una intensa experiencia de convivencia, fe y tiempo libre. Del 16 al 25 de julio, los participantes compartieron un camino en el que la amistad, la alegría y el encuentro con Dios fueron los grandes protagonistas, siguiendo el estilo educativo y pastoral salesiano.

‘Un solo latido, un solo equipo’ fue el lema en torno a la experiencia vivida en esos días del Mundial de fútbol. En el fútbol, el marcador importa, pero más importante es cómo se juega. Incluso los mejores fallan penaltis. Equivocarse no es fracasar; fracasar es dejar de intentarlo. En un Mundial se reúnen culturas, idiomas y tradiciones diferentes. La riqueza está en aprender de quienes son distintos. La fuerza de un equipo no está en sus estrellas, sino en la comunión de todos sus jugadores. Un equipo gana cuando cada jugador acepta su papel y lo pone al servicio del conjunto. Así también nosotros: distintos, pero unidos. Como en el fútbol, la vida nos recuerda que nadie gana un partido solo. Necesitamos del talento, el esfuerzo y el compromiso de todos. Un Mundial no lo gana una sola estrella. Hay que aprender a colaborar, confiar y alegrarse por los logros de los demás.

A lo largo del campamento, cada grupo pudo profundizar en su proceso de crecimiento personal y espiritual mediante momentos de reflexión, oración y encuentro, adaptados a las diferentes edades. Animadores, animadoras y hermanas han acompañado este itinerario creando espacios donde compartir la vida, las inquietudes y la experiencia de la fe, favoreciendo un ambiente cercano, familiar y de confianza.

Junto a estos momentos de interioridad, la programación vino repleta de propuestas de ocio y multiaventura que hicieron de la convivencia una experiencia inolvidable. Las actividades de piraguas, la tirolina, la piscina y los grandes juegos al aire libre se combinaron con talleres creativos de manualidades, elaboración de cortos, acrosport y relajación, permitiendo que cada participante descubriera y desarrollara sus talentos mientras fortalecía los lazos con el grupo.

Las veladas nocturnas, las dinámicas de convivencia y los juegos llenaron cada jornada de alegría, risas y momentos compartidos, reflejando el ambiente de familia propio de nuestro estilo.

Una de las experiencias más significativas fue la vivida por los participantes de 4ºESO y Bachillerato con el itinerante y el tradicional campamento volante. Durante una o dos noches recorrieron y pernoctaron en las localidades vallisoletanas de Valdestillas y Serrada, viviendo una experiencia itinerante que les permitió salir de su zona de confort, fortalecer la convivencia y profundizar aún más en su camino de fe. El contacto con el entorno, las caminatas, las celebraciones y los momentos de diálogo hicieron de esta propuesta un auténtico espacio de crecimiento personal y de grupo.

El campamento concluyó dejando un profundo agradecimiento por todo lo compartido: por el compromiso y la entrega de los animadores, animadoras y Salesianas, por la ilusión de los niños, adolescentes y jóvenes, y por un tiempo en el que la fe se ha hecho vida en cada conversación, cada juego, cada oración y cada gesto de servicio.

Matapozuelos vuelve a convertirse así en el escenario de una experiencia que deja huella y que confirma, una vez más, que el verano salesiano es mucho más que un campamento: es una oportunidad para crecer como personas, fortalecer la amistad y descubrir que caminar juntos hace más sencillo el encuentro con Dios.