“¡Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad!” (Salmo 15, 16)
“¡Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad!” (Salmo 15, 16). Este ha sido el sentimiento general que hemos albergado en nuestro corazón a la vuelta de esta experiencia de Ejercicios Espirituales en Mornese. Si ya de por sí poder dedicar una semana al año a realizar este parón en medio de una vida tan activa es una gracia y un privilegio que muchas personas no se pueden permitir, hacerlos en Mornese añade un plus a nuestra experiencia de fe y un verdadero chute de salesianidad.
Estos Ejercicios Espirituales en Mornese han sido mucho más que unos días de retiro. Dirigidos por Daniela Cannavina, hermana capuchina de Madre Rubatto, nos han permitido experimentar una doble llamada.
Por una parte, como Nicodemo, hemos vivido un encuentro profundo con Dios, sintiendo la necesidad de nacer de nuevo al soplo del Espíritu. Este camino nos ha llevado a Betania para entrenarnos en el arte de mirar con ojos nuevos, viviendo como hermanas; a buscar al Señor en la Galilea de la misión de cada día; y a desembocar en Judea como centinelas vigilantes.
Una segunda llamada ha sido la de potenciar nuestro carisma salesiano en esta tierra marcada por la sencillez, la fe y la entrega generosa. Caminar por sus calles, contemplar sus paisajes y detenernos en los lugares donde vivió Madre Mazzarello, donde soñó el “A ti te las confío”, nos ha permitido conectar de una manera especial con el carisma salesiano y con la fuerza transformadora de una vida entregada por amor.
Viene a mi recuerdo la canción La tierra me llama, de la famosa cantante cubana Gloria Estefan, cuando dice en una de sus estrofas:
“La tierra donde naciste no la puedes olvidar, porque tiene tus raíces y lo que dejas atrás. De mi tierra bella, de mi tierra santa, la tierra te empuja con raíz y fuerza. La tierra te llama cuando tú no estás”. También nos ha ayudado mucho el clima de silencio, oración y fraternidad.
Y como la gratitud es la “memoria del corazón”, agradecemos profundamente a todas las personas que han hecho posible esta experiencia: a quienes la han preparado con dedicación, a quienes han acompañado los momentos de reflexión y de oración, y a quienes han cuidado cada detalle para que estos días fueran verdaderamente un tiempo de gracia. Su entrega generosa ha sido un reflejo vivo del espíritu de familia que caracteriza esta casa.
Regresar de Mornese no significa dejar atrás lo vivido, sino llevarlo dentro. La experiencia de haber podido estar en la tierra de Madre Mazzarello es una invitación a vivir con mayor autenticidad, confianza y esperanza, dejándonos inspirar por su ejemplo de alegría, humildad, fortaleza y amor.
Gracias por recordarnos que la santidad nace en lo cotidiano y florece cuando el corazón se abre plenamente a Dios; por eso, cualquier lugar donde vivamos puede ser para nosotras Galilea y Mornese.
Autora: Menchu García, consejera de Formación

