Mornese: un viaje que transforma

Este viaje me ha dado fuerza. Visitar Mornese, la Valponasca, el primer colegio de las Salesianas y Nizza Monferrato son un auténtico REGALO. Pero no solo porque estamos recorriendo los lugares donde Madre Mazzarello fundó las FMA, sino porque aquí la historia se siente. Lo que antes nos contaban ahora lo estamos pisando, viendo, respirando… Es como si todo cobrara vida. Y en cada rincón, en cada persona y en cada momento, sentimos la presencia de Dios y de María Auxiliadora.

Todos los que estamos aquí hemos dicho “sí” a algo grande: acompañar a los jóvenes, cuidar de nuestras casas salesianas, seguir construyendo el sueño de Maín… Casi nada. Y estar en su tierra nos hace darnos cuenta de algo clave: todo empezó de manera sencilla, en lo cotidiano, desde una ventana. No hubo estrategias impresionantes ni planes perfectos, solo una joven con un corazón enorme que supo ver la necesidad y transformar lo simple en entrega total, especialmente con las jóvenes de Mornese.

Caminar por el colegio de Mornese es como escuchar sus paredes y vidrieras susurrando historias. Aquí nació todo, en este ambiente de familia que Madre Mazzarello quiso para sus hijas y que, sin darnos cuenta, seguimos transmitiendo laicos y consagrados a nuestros jóvenes. Y lo mejor de todo es que no vivimos esta experiencia solos, aunque haya momentos en los que se nos olvide. Estamos rodeados de personas increíbles, de esas que te hacen sentir en casa, que se entregan con alegría, con cariño y con una generosidad que se nota en cada detalle. Es fantástico ver cómo, al igual que Maín se apoyó en sus amigas, nosotros también seguimos tejiendo esa red de amistad y fraternidad que da sentido a nuestra misión. Hoy hemos comprobado que, con una guitarra y humor, se pueden unir personas de todos los lugares.

Y ahora, después de todo esto, toca volver. Pero no volvemos iguales. Algo ha cambiado. Volvemos con una mirada renovada, con más ganas y con más fuerza. Porque lo que antes era solo teoría, ahora es vida. Porque lo que Maín empezó aquí, en lo pequeño y lo cercano, sigue ardiendo en nosotros. Y eso es lo que realmente importa.

Gracias de todo corazón a la familia salesiana, esa que nos hace sentir en casa, sin importar dónde estemos.

¡Gracias María Dominga Mazzarello!

Ioar Forteza – La Dehesa