Santa María Mazzarello, “fuerte sarmiento de la vid verdadera”
Santa María Domenica Mazzarello (1837–1881), cuya Solemnidad litúrgica se celebra el 13 de mayo de 2026, compartió con San Juan Bosco la fundación de una Congregación que hiciera por las jóvenes lo que él hacía por los chicos. Su santidad y su sabiduría educativa están estrechamente vinculadas y arraigadas en una fe vivida, realizada y realizadora.
Maín, como la llamaban de joven, aprende progresivamente a conocer y vivir una relación personal y gozosa con Cristo, que luego sabrá transmitir a las hermanas que se unen a ella. Escribe sor Ana María Fernández, FMA:
“Jesús se manifiesta en la vida del Instituto de los inicios como el ‘Dios-con-nosotros’ que se puede traducir también como el ‘nosotros-con-Jesús’. Su presencia se percibe en todas partes, especialmente en la capilla, donde es hermoso ir a conversar un rato con Él y donde se desearía ir a trabajar para hacerle compañía. Sobre todo es el ‘Dios-con-nosotros’ en el encuentro eucarístico prolongado durante toda la jornada”.
El nombre de Jesús aparece en las 68 cartas de la Santa nada menos que 232 veces: a menudo se trata de la tradicional jaculatoria utilizada como fórmula de apertura, o en expresiones como “Niño Jesús” y “Corazón de Jesús”. Santa María Mazzarello percibe la presencia de Cristo como la del Esposo, aquel con quien compartir toda su existencia.
Explica también sor Ana María Fernández, citando la Cronohistoria del Instituto:
“La dimensión esponsal de la vida religiosa apostólica es clara en la casa de Mornese. El 5 de agosto de 1872, al salir de la iglesia, «las nuevas hermanas son muy felices, cautivadas por el canto íntimo del corazón a la celestial eterna Bondad que se ha dignado inclinarse hacia ellas y llamarlas sus esposas». Luego, cualquier ocasión es buena para confiarse a su amor o para agradarle más con la victoria sobre los propios defectos. En la Navidad del año 1878, la comunidad, incluidas las jóvenes, cantan al ‘Niñito Jesús, Esposo de amor’. Las diez misioneras de la segunda expedición son invitadas a mantener encendidas sus lámparas con el aceite de la caridad, hasta que resuene en sus oídos la gran voz del Esposo que se acerca (cf. Mt 25, 1.10)”.
La presencia de Cristo es constante, orienta la vida y motiva a entregarse a fondo por el Reino de Dios, en un camino de conversión continua. Santa María Mazzarello invita: “Por lo tanto, pongámonos de verdad a hacernos santas, oremos unas por otras para que podamos perseverar todas en el servicio de nuestro Esposo Jesús y [de] nuestra querida Madre María” (L. 26,6).
Jesús es el centro de su vida y desea que lo sea para todas las Hijas de María Auxiliadora. Las anima a cultivar una relación de confianza con Él y con la Virgen: “Confíen siempre en Jesús, nuestro querido Esposo, y en María Santísima, siempre nuestra queridísima Madre, y no temamos nada” (L. 34,2).
Desde la Eucaristía de la mañana hasta el silencio tras las «buenas noches» que prepara la Comunión del día siguiente, Madre Mazzarello y la primera comunidad viven con el corazón y la mente sintonizados en la frecuencia del amor al Hijo de Dios y del servicio educativo a las jóvenes. Ciertamente, no faltan dificultades y grandes fatigas, incomprensiones e incluso calumnias, pero el ejemplo y la palabra incisiva de la Madre orientan a las hermanas y a las jóvenes a superarlas, volviendo siempre a la savia de la vida: “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque sin mí no pueden hacer nada” (Jn 15,5).
Santa María Mazzarello apuesta cada día su existencia por esta palabra, consciente de ser «nada» sin su Esposo y, por lo tanto, de no poder hacer nada. En una carta al director general, don Juan Cagliero, escribe: “¿Se acuerda de rezar alguna vez por sus hijas de Mornese? Pero principalmente por mí, que lo necesito más que todas; no le digo todas mis maldades porque haría falta más que esta hoja… Ruegue un poco al Señor que me haga de una vez como quisiera ser…”.
Es esta experiencia concreta la que la impulsa a repetir con realismo: “Con Jesús los pesos se volverán ligeros, las fatigas suaves, las espinas se convertirán en dulzuras. Pero deben vencerse a sí mismas […]” (L. 22,21; 37,11; 64,5). La unión con Cristo supone la victoria sobre uno mismo, pero sin la alegría de la unión con Jesús todo pierde sentido y se vuelve pesado e insoportable. El aburrimiento, la resignación y la pereza forman parte del camino espiritual; es más, los maestros de espiritualidad las consideran señales de una meta alcanzada que debe profundizarse y superarse hacia objetivos más elevados.
“Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque sin mí no pueden hacer nada” (Jn 15,5). Santa María Mazzarello vive hasta el final este versículo evangélico, utilizado en la primera película que narra su historia, titulada “Sarmientos de una tierra fuerte”. Como una promesa hecha a las hermanas de entonces y a las de hoy, escribe: “Felices nosotras si habremos sido verdaderas hermanas, Jesús nos recibirá como un esposo recibe a su esposa” (L. 40,3). Un mensaje de esperanza para todos aquellos que cotidianamente se comprometen en la vía del Evangelio, vía de la paz y de la alegría.
Fuente: Instituto FMA

