Beata María Romero, una vida plasmada por las Bienaventuranzas
El 7 de julio de 2026 se celebra el 49.º aniversario del nacimiento al cielo de la Beata Sor María Romero Meneses (13 de enero de 1902 – 7 de julio de 1977), FMA nicaragüense, en quien es posible descubrir el rostro concreto de la armonía evangélica de las Bienaventuranzas. Ella supo entrar en esta “escuela del amor” porque se dejó guiar por el gran director, el Espíritu Santo, que da unidad en la diversidad, que permite mirar con fe todos los acontecimientos —incluso los que causan mayor sufrimiento— y, a pesar de ello, ser felices.
Esta es la novedad de Jesús, la novedad de las Bienaventuranzas: “Son felices quienes tienen misericordia y no se dejan arrastrar por juicios temerarios; quienes tienen una mirada limpia sobre la realidad, buscando a Dios antes que su propio interés; quienes construyen la paz en lugar de sembrar discordias y conflictos; quienes son perseguidos por haber buscado la justicia y no haber ocultado la verdad a través de compromisos con el mundo” (G. Piccolo, La sfida della santità: vedere Dio dove sembra impossibile).
Y como afirma Madre Chiara Cazzuola en la Circular n.º 1056 de Convocatoria del Capítulo General XXV, las Bienaventuranzas son “un horizonte formativo permanente, que orienta nuestras elecciones, nuestras relaciones y nuestra misión”, tal como lo fue para sor María Romero.
Sor María vivió el sufrimiento debido a problemas familiares, incomprensiones con las Superioras y dificultades para llevar a término la obra social a la que se sentía llamada. Escribía en sus apuntes: “Sin Jesús el dolor es un mal; con Jesús, solo con Jesús, es un bien, un bien tan grande que san Pablo lo llama un don que completa y corona la fe. ¿Qué son, para quien no sabe, las notas musicales trazadas en un papel? Nada más que manchas de tinta. Llega el artista y de esas manchas nace la armonía. Así es el dolor; para quien no conoce a Jesús, son puntos negros; pero llega Jesús: escuchen entonces cómo canta la gloria de Dios y la nuestra. Es como un eco del Himno del Calvario”. (Sor María Romero, Fasc. II, 16)
Así como Don Bosco hizo suyo el lema Da mihi animas, cetera tolle (Dame almas y llévate lo demás), ella estuvo íntimamente asociada a los sufrimientos de Cristo a partir del abandono y la agonía que experimentó; como Jesús en el huerto de los olivos cuando, en su deseo de iniciar su obra, no encontró ayuda ni apoyo; al contrario, todo parecía volverse en su contra. Pero jamás se escuchó de su boca una queja, jamás una murmuración, jamás una crítica. Cuando una Superiora o una Hermana le hacía algún reproche, tal vez incluso con cierta dureza, tras el primer momento de lucha con su propia naturaleza, se dominaba, miraba la imagen de la Virgen o el Crucifijo y, a veces, se dirigía a la capilla con los ojos llenos de lágrimas. Sin embargo, superado ese momento tan humano, recuperaba la serenidad, sonreía y se presentaba ante la Comunidad como la persona más feliz del mundo, sin que nadie pudiera intuir, por su actitud, lo que había sucedido poco antes (cf. D. Grassiano, Con María toda para todos como Don Bosco. Se llama María Romero Meneses de Nicaragua, Roma, Instituto Hijas de María Auxiliadora, 1987, p. 141).
Sor María sabía transformar los sufrimientos y las incomprensiones en alegría por “haber tenido la gracia” de sufrir por Jesús: “¿Te acuerdas, mi amado y Buen Pastor, de lo feliz, felicísima que me sentía cuando hacía de pastorcilla, imitándote, subiendo y bajando aquellos senderos empinados, pedregosos y resbaladizos del oratorio, de las iglesias y de Flores, para ir a recoger a los niños? ¿Andas falto de memoria de cómo mi corazón rebosaba de alegría cuando me encontraba en medio de ellos, enseñándoles a no alejarse de ti, a amarte y a amar a la Virgen?… ¿Te acuerdas también de cómo mi alma se llenaba de gozo cuando, por ti, soportaba aquellas largas horas de sol abrasador en el Oratorio Cristo Rey para que los niños pudieran jugar; y cuando, para ir al encuentro del camión que me traería de regreso al Colegio, caminaba bajo aquellos violentos aguaceros que me llegaban hasta las rodillas y se me metían hasta los huesos; y cómo, después de aquellos domingos de trabajo intenso y fatigoso, quedaba, como los Apóstoles —tras haber sido azotados por el Sanedrín—, llena de alegría por haber tenido la gracia de sufrir por ti?”. (Sor María Romero, Fasc. IV, 13)
Para celebrar a la Beata Sor María Romero, la Inspectoría Nuestra Señora de los Ángeles (CAR) ha preparado un Triduo para profundizar en su conocimiento como una mujer que se dejó plasmar por la lógica del Evangelio y vivió en sintonía con las Bienaventuranzas. (Texto)
Podcast Triduo sor María Romero:
Canal YouTube Centro Histórico-Teológico sor María Romero
Página Facebook Casa de María Auxiliadora, Obras sociales sor María Romero
FUENTE: Instituto FMA

