Un fin de semana de solidaridad y la emoción de la celebración de envío
El pasado fin de semana, la comunidad de Fundación Madreselva vivió unos días intensos y profundamente significativos, de esos que nos devuelven al centro de nuestra misión y nos recuerdan el verdadero sentido del compromiso. Fueron jornadas marcadas por la solidaridad, el encuentro y la celebración, con la mirada puesta en Cuba y en los distintos proyectos que nos esperan al otro lado del mapa, pero también con el corazón bien arraigado en la comunidad que camina a nuestro lado.
El fin de semana comenzó el viernes por la tarde con una Tarde Solidaria llena de color, alegría y participación, celebrada en el Colegio María Auxiliadora de Villaamil, en el marco de su fiesta de fin de curso. Allí contamos con un pequeño pero valioso espacio donde pudimos instalar nuestro mercadillo solidario, que se convirtió en un punto de encuentro y colaboración.
Durante la tarde, voluntarias y voluntarios de Madreselva compartieron juegos, risas y momentos inolvidables con los más pequeños: pintacaras, magia y muchas sonrisas. Y, como broche final, la sorpresa llegó de la mano de unos invitados muy especiales: ¡Darth Vader y el Ejército Imperial aparecieron para asombro y entusiasmo de niños y mayores!
La participación de las familias y la respuesta del alumnado fue extraordinaria. Gracias a su generosidad, logramos recaudar fondos fundamentales que irán destinados íntegramente a apoyar el proyecto Main en Cuba. Nuestro agradecimiento más sincero a toda la comunidad educativa de Villaamil por su acogida, su cercanía y su compromiso solidario.
El sábado por la mañana llegó otro momento muy especial: nuestro Desayuno Solidario, una mañana sencilla y llena de vida, donde el aroma del café caliente se mezcló con las risas, las conversaciones y el deseo de compartir. Este encuentro, organizado con todo el cariño por Fundación Madreselva junto al Espacio Vecinal Bellas Vistas y APAM, reunió a vecinas, vecinos, familias y amistades del barrio con un propósito común: fortalecer lazos, conocernos mejor y seguir construyendo juntas y juntos un mundo más justo y solidario.
Más allá de la convivencia, este desayuno fue también una acción solidaria con impacto real. Cada uno de los espacios participantes aportó lo mejor de sí para que la jornada fuera cálida, acogedora y llena de sentido. Porque cuando caminamos juntas y juntos, el cuidado se multiplica y la comunidad se construye desde lo cotidiano, compartiendo tiempo, manos y corazón.
Ese mismo sábado culminó con uno de los momentos más emotivos: la Celebración del Envío, un espacio de recogimiento, emoción profunda y compromiso espiritual que marca un antes y un después en el camino misionero. La imposición de la cruz misionera y la bendición se vivieron con el corazón a flor de piel.
Para nosotras y nosotros, esta cruz no es un adorno ni un simple símbolo: representa la humildad, la entrega y el compromiso de estar allí donde más se nos necesita. Nos recuerda el valor de “simplemente estar”, de acompañar en silencio, de escuchar y de compartir la vida desde la sencillez.
Fue también un momento cargado de gratitud. En primer lugar, hacia la comunidad de Hijas de María Auxiliadora, que nos ha acogido con los brazos abiertos en esta hermosa aventura misionera. Asimismo, quisimos agradecer de corazón a todas las personas formadoras y profesoras que, a lo largo de este año de preparación, han compartido su tiempo, su experiencia y su sabiduría para ayudarnos a afrontar esta misión con responsabilidad y amor.
Finalmente, nuestro agradecimiento se extendió, con profundo respeto, a cada uno de los países que nos abren sus puertas y nos acogen: República Dominicana, Bolivia y Mozambique, tierras hermanas donde otros compañeros y compañeras también llevarán luz y esperanza, y que junto a Cuba se convierten en los destinos de nuestra entrega.
Este fin de semana no ha sido una meta, sino un impulso de salida. Volvemos la vista atrás con una gratitud infinita por todo lo vivido y miramos hacia adelante con la ilusión y la certeza de que, gracias al esfuerzo y la generosidad de cada persona que camina con nosotras, la misión está hoy un poco más cerca de seguir transformando vidas.
Concepción García

