Fallece Ignacio Sánchez García, pilar de la Inspectoría María Auxiliadora en España
Con sorpresa y profundo dolor hemos recibido la noticia del fallecimiento de Ignacio Sánchez García, ocurrido el sábado 20 de junio en su hogar del Aljarafe sevillano a causa de un infarto repentino.
Ignacio ha sido, durante décadas, un pilar insustituible de nuestra comunidad inspectorial, primero en la Inspectoría María Auxiliadora de Sevilla y, en los últimos años, en la Inspectoría única de las Hijas de María Auxiliadora de España.
Un hombre de fe, profundamente arraigada
Ignacio fue un creyente auténtico, con una fe sólida, forjada tanto en su historia personal como en las circunstancias de dolor que supo atravesar con esperanza. Agradecido por la educación recibida en su familia y en el colegio San José de los Jesuitas de Villafranca de los Barros, supo integrar fe, vida y profesión con una coherencia admirable.
Quienes le conocieron destacan su capacidad de vivir el sufrimiento sin perder la confianza en Dios, haciendo de su vida un verdadero testimonio cristiano. Como recuerda una de las hermanas, “aprendimos de él que incluso los golpes más duros de la vida se pueden atravesar con serenidad y confianza”.
Un servicio ejemplar a la misión
Su labor en el Ámbito de la Economía y la Administración fue siempre vivida como auténtico servicio a la misión educativa y evangelizadora.
Profesional de gran preparación, riguroso y honrado, Ignacio entendió que la gestión de los bienes era parte esencial de la misión al servicio de los jóvenes, especialmente de los más vulnerables. Así lo expresó en numerosas ocasiones, subrayando siempre que la economía debía estar al servicio del bien común y de los criterios carismáticos del Instituto.
Durante su trayectoria, impulsó importantes iniciativas como la Banca Electrónica Inspectorial Solidaria (BEIS), favoreciendo una gestión unificada, eficiente y solidaria que permitió fortalecer obras educativas y abrir nuevos caminos de atención a niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad.
En los últimos años, tras la unificación de las inspectorías, asumió la coordinación del equipo de gestión inspectorial, trabajando incansablemente por una economía sostenible, solidaria y orientada a la misión. Quienes trabajaron con él destacan que “no medía horas ni días cuando el fin era el bien de la Inspectoría”.
Un corazón salesiano
Su vida fue reflejo vivo del espíritu de Don Bosco y Madre Mazzarello: hacer de cada gesto una expresión de amor educativo y de cada responsabilidad un servicio. Como ellos, Ignacio supo vivir con sencillez, cercanía y una confianza plena en Dios, poniendo siempre a la persona en el centro.
Ignacio no fue solo un asesor: fue, para muchos, “uno de los nuestros”. Su profundo sentido de pertenencia al Instituto se hacía visible incluso en su modo de hablar: “Nosotras, las Hijas de María Auxiliadora…”, decía con naturalidad, reflejando una identidad plenamente asumida.
Quienes compartieron camino con él destacan su capacidad de acompañar, animar y valorar a cada persona, sin distinciones. Supo trabajar con distintas ecónomas y equipos, generando confianza, formando y haciendo crecer a quienes tenía a su lado. “Hacía que cada una se sintiera importante y capaz”, recuerdan.
Era un hombre que sabía escuchar, tender puentes y sacar lo mejor de cada persona. Humilde, sencillo y discreto, hacía sentir a todos importantes y capaces. Como expresa uno de los testimonios: “siempre había en su palabra, en su abrazo, en su acogida, un objetivo: animar, acompañar y apoyar”.
Padre, esposo y testigo de vida
Junto a su profesionalidad, brillaba su dimensión más profunda: la familiar. Ignacio fue un esposo y padre entregado, capaz de armonizar su intensa vida laboral con una presencia constante en el hogar.
Vivió momentos de gran dolor, como la pérdida de hijos, desde una fe firme y compartida con su esposa Rocío, convirtiéndose en testimonio de fortaleza y esperanza para quienes le rodeaban. “Fue un hombre probado en el dolor, pero lleno de una fe que no perdía la esperanza”, recuerdan quienes le conocieron más profundamente.
Su familia fue siempre su mayor amor y su principal fuente de luz.
Un “santo de la puerta de al lado”
Muchos coinciden en describirlo con las palabras del Papa Francisco: un “santo de la puerta de al lado”.
Hombre recto, sin doblez, cercano, acogedor, con una bondad serena que dejaba huella. Siempre disponible, incansable, capaz de detenerlo todo para regalar tiempo, escucha y un abrazo.
Quienes compartieron su día a día lo expresan con palabras sencillas: “Ignacio era el amigo, el hermano, el padre y el acompañante que siempre estaba”. Otro testimonio añade: “no guardó nada para sí mismo, todos sus dones los puso al servicio de los demás”.
Un legado que permanece
Su muerte deja un gran vacío en la Inspectoría, pero también una certeza: su trabajo, su espíritu salesiano y su forma de entender la economía y la misión siguen vivos en las estructuras, en las personas y en el estilo que él ayudó a construir.
Para muchos, era una presencia constante y discreta: “de esas personas que parecen haber estado siempre ahí, sosteniendo sin hacer ruido”.
Hoy, ese vacío se hace especialmente palpable: “es difícil imaginar que vamos a entrar en su despacho y no lo volveremos a ver”.
Quienes tuvieron la suerte de conocerle llevan en el corazón su ejemplo de vida: una fe profunda, una entrega generosa y una humanidad luminosa.
En comunión con su familia
Nos unimos con cariño y oración a su madre, a su esposa Rocío, a sus hijos y a toda su familia, compartiendo el dolor por su pérdida y la esperanza cristiana en la vida eterna.
Como expresaba uno de los mensajes recibidos, “su marcha deja un profundo sentimiento de orfandad, pero también una inmensa gratitud”.
Confiamos en que el Señor ya le ha acogido en su casa y que María Auxiliadora, a quien tanto amó, le ha recibido como hijo.
Gracias, Ignacio
Gracias por tu vida, por tu entrega y por todo el bien que has sembrado. Descansa en paz.

