Hacia un nuevo modelo de gestión de la Fundación María Auxiliadora: posibilidad o complejidad
Cuando la Inspectoría Nuestra Señora del Pilar, ante el proceso Alégrate que llevaría a la unión de las cuatro inspectorías de Salesianas, se planteó que una opción de futuro y de viabilidad para las plataformas sociales era unificar todos los proyectos en una única personalidad jurídica, lo hizo con la convicción de que estaba dando viabilidad a los proyectos sociales que durante años se habían puesto en marcha desde las comunidades FMA y las asociaciones.
Para este paso decidido de unificación, se diseñó una estructura concreta de gestión que pudiera dinamizar la vida y los proyectos de cada territorio (Aragón, Cataluña y Comunidad Valenciana) aprovechando la entidad que ya existía desde 1998. Y así, en enero de 2016 se inició la andadura conjunta bajo el paraguas de la Fundación María Auxiliadora (FdMA).
Han sido 10 años intensos de crecimiento y consolidación, de muchas propuestas a favor de quienes más lo necesitan. De diferentes iniciativas que concretan la misión de «acompañar y empoderar» desde el sistema preventivo a aquellas personas que viven en situación de vulnerabilidad para que consigan su desarrollo integral y su inclusión en la sociedad.
En este tiempo hemos fortalecido los equipos educativos, introduciendo diferentes perfiles y ampliando la plantilla; en 2026 éramos 97 y actualmente somos ya 200 personas contratadas. Se han formalizado y sistematizado procesos, e implementado protocolos para responder a las exigencias que actualmente tiene la intervención social, que no son pocas. Hemos hecho realidad el lema que acompañó los inicios: «Creemos que es posible».
Y ahora, tras el camino recorrido, tenemos delante un reto vital: necesitamos darle una vuelta a nuestro sistema de gestión. La FdMA avanza, pero la sociedad, las exigencias legales, el sistema de financiación de las entidades sociales, han avanzado también a un ritmo tan vertiginoso que necesitamos reestructurar los equipos de gestión que tenemos actualmente.
Este reto lo compartimos con otras muchas entidades sociales. Necesitamos establecer nuevas fórmulas de gestión que nos permitan responder de forma ágil y eficaz a las nuevas exigencias y vulnerabilidades de las personas; optimizar los recursos de los que disponemos y obtener otros que nos permitan ser sostenibles y responder a nuestra misión.
Para este cambio hemos iniciado un proceso, en el cual hemos contado con el asesoramiento de ESADE Alumni con su Consultoría solidaria, que nos ha ofrecido un estudio de nuestra realidad actual y una propuesta de nuevo organigrama que responda mejor al nuevo contexto. Un organigrama más en clave de universo global, con una descripción de nuevos puestos de trabajo, como la persona Responsable de Recursos humanos, y algunas claves para poder acometer este cambio que tenemos entre manos.
A partir de las propuestas recibidas de ESADE y desde nuestra experiencia, estamos intentando concretar qué decisiones debemos tomar a nivel organizativo en estos próximos 5 años, de manera que la estructura de gestión nos ayude a realizar nuestra misión. No es un cambio sencillo porque implica asumir nuevas formas de trabajar, nuevas maneras de relacionarse y comunicarse, de gestionar los recursos humanos y económicos, sin perder la cercanía y la familiaridad que nos caracteriza y focalizando hacia nuestro objetivo principal: las personas en situación de vulnerabilidad.
En este momento de cambio levantamos la mirada para vislumbrar ese horizonte de futuro y de oportunidad. Contamos con todo el apoyo del equipo educativo de la FdMA y de las comunidades de Salesianas que participan y animan en lo local, y también con el apoyo de toda la Inspectoría María Auxiliadora de la cual somos parte.

