El voluntariado de VidesSur hace realidad el sueño de una experiencia misionera
Durante el verano, siete personas han emprendido la experiencia del voluntariado misionero de la mano de la ONGD VidesSur. Cuatro de ellas lo hicieron en Guatemala, mientras que otras tres estuvieron en Etiopía.
Guatemala
A mediados de julio, Eduardo, Ade, Javi y Ángeles llegaron a Guatemala para cumplir su sueño de vivir una experiencia misionera. Durante la primera semana, acompañaron en las tareas de asistencia a la comunidad que las Hijas de María Auxiliadora realizan en la población de Chacté, como dar la comunión a personas enfermas que no pueden desplazarse o acompañar a las familias en el caso de defunciones.
Los voluntarios participaron de las bonitas costumbres de la población local, como ir a rezar el rosario a la casa de un familiar o amigo fallecido para orar por su alma. También disfrutaron de fiestas como la del día de Santiago en La Caoba, una pequeña aldea que recibe a vecinos de otras comunidades para festejar el día de su patrón. Tras la misa, todos compartieron bebida de cacao y guiso de pollo o chivo, tradicional en los días de fiesta.
También visitaron un colegio de secundaria en Pusilah Abajo, en San Luis de Petén, donde uno de los comentarios más repetido fue: ¡Son de España, como los campeones del Mundial! Con ilusión también los recibió Eleonora, a quien ayudaron en la apertura de su nuevo negocio, pintando y decorando el establecimiento en el que cocina y vende tortillas de maíz, alimento básico en el menú diario de cualquier familia guatemalteca.
Después se trasladaron a Flores para ayudar en un proyecto precioso diocesano: La Casa del Migrante. Por este centro van pasando familias enteras, jóvenes, mujeres… Un tiempo de descanso antes de seguir su camino para migrar a México y de allí tratar de pasar a Estados Unidos. Pero también llegan allí muchos que retornan con sus sueños rotos y numerosas experiencias de dificultad. Su labor allí consistió en ayudar a preparar lo necesario para acoger a estas personas: hacer camas, ayudar en la cocina para preparar la comida, limpiar las distintas dependencias… Y, sobre todo, ser mano que acoge, escucharlos y empatizar con ellos.
Etiopía
“El voluntariado internacional no consiste en hacer grandes cosas”. Es una de las principales conclusiones que han sacado Ana, Conchita y María Dolores de su experiencia en el Summer Camp de Zway (Etiopía).
“No íbamos a cambiar una realidad socioeconómica tan compleja, ni a solucionar todas las necesidades de estos/as chicos/as”, aclaran. Su propósito “era mucho más sencillo y, al mismo tiempo, profundamente humano: estar con ellos, reconocerles, compartir su alegría, hacerles saber que habíamos venido para acompañarlos”, aseguran.
“Hemos intentado que se sientan aceptados y queridos; que sepan que fuimos por estar con ellos, que con ellos nos sentimos muy a gusto”, relatan las voluntarias, quienes destacan que en el oratorio “las clases de inglés, los juegos, la música y los momentos compartidos han sido las herramientas para hacer realidad cada día el encuentro con los más pequeños”.
“Gracias a toda la comunidad de Zway por acogernos. Y gracias a las voluntarias y voluntarios, venidos de otros países, con quienes también hemos compartido esta maravillosa experiencia”, concluyen.

